De la sospecha nadie nos Zalba

Gracias a la agudeza de ciertos medios extranjeros que, afortunadamente para el ciudadano comunitario, continúan ejerciendo esa magnífica y fundamental herramienta denominada periodismo de investigación, nos hemos enterado, con pelos e imágenes, de las triquiñuelas agotadoras de muchos eurodiputados a la hora de pasar por la ofi el viernes a fichar para cobrar las correspondientes dietas. Recuérdese que la operación no es tan sencilla como la de aquellos funcionarios indignos que, de camino a la playa, hacen acto de presencia por su centro de trabajo para justificar horas extras de arena y mar, sino que conlleva un, en la mayoría de las ocasiones, largo desplazamiento a Bruselas (pagado por los fondos comunitarios, de todos, eso sí), para dejar constancia de su aparición fugaz antes de marcharse a pasar el finde con familia y amigos.

El escándalo es mayúsculo, en negrita y cursiva, y los ciudadanos de bien confiábamos que tamaña desvergüenza sería subsunada inmediatamente por las instituciones comunitarias, evitando el sonrojo que produce allende las fronteras de veintisiete Estados que hacen gala de la rancia tradición democrática del viejo continente. Nada más lejos de la realidad. El amarillista The Sunday Times ha presentado un documentado reportaje de investigación en el que demuestra como cuatro eurodiputados acceden a presentar modificaciones a determinadas directivas comunitarias en estudio a petición de un supuesto lobby de presión británico. Dicho lobby, que son entidades de espíritu similar a los mercados internacionales, grupos que existen pero que no vemos, fantasmas que traspasan paredes y fronteras pero que no percibimos, ofrece a estos representantes de la ciudadanía europea una compensación adecuada por la prestación de servicios, prestación que es ofertada a la señoría que más nos afecta, el eurodiputado del PP Pablo Zalba, justificada como pago por sus servicios como asesor permanente del lobby presuntamente corrompedor.Lo que, a raíz de las imágenes emitidas por el rotativo inglés no deja lugar a muchas dudas, es que el protagonista en cuestión acepta modificar la Directiva solicitada, como así ocurre siguiendo las directrices de los solicitantes que de lobby manipulador tiene poco. Tras esa oferta que descentra y pone en franca evidencia de corruptela a nuestro democrático representante se encuentran trajeados periodistas cámara en ristre o, mejor dicho, en bolsillo o similar.

Un hecho así, injustificable de todo orden, eleva el concepto de presunción de inocencia a categoría de mártir de la Orden del sufrimiento político. Nos preguntamos desde nuestra entrada en la otrora CEE para qué sirve realmente un Parlamento que no puede emitir normas aplicables de forma directa al común de la ciudadanía europea, en la que sus señorías se encuentran escandalosamente bien remuneradas a costa de una dudosa responsabilidad elevada. Ahora, en esta vuelta de tuerca de la constancia visual y sonora de una práctica que se revela común por la manera de contestar del eurodiputado navarro, nos preguntamos algo más: ¿Cual es el límite de la deshora pública inevitablemente inmediato al procesamiento judicial? Duele que tenga que venir un medio de comunicación sensacionalista (en contraposición a su hermano diario The Times en lo que respecta a su prisma informativo, no al rigo y contenido de su edición) a realizar la labor que ignoran los diarios e informativos “serios”, pero desgarra que los implicados con luz y taquígrafo, por muy oculto que éste se encuentre a la hora de revelar el presunto delito, justifiquen su indecencia y se sitúen en la posición de acusador contra todo aquél que duda de su impresunta honorabilidad.

La reflexión a este nuevo capítulo de lo obvio que se ha de declarar presunto hasta que se convierta en olvidado y desterrado de nuestra indignación (estadísticamente es su futuro más probable) no puede ser más pesimista, inevitablemente más derrotada: Si las propias estructuras de los mastodónticos partidos que albergan a usureros y cambistas de la soberanía popular no reaccionan, nuestra capacidad de resistencia y respuesta como ciudadanía se desintegra, incapaces de articular con tanta profundidad herramientas que permitan el saneamiento de nosotros mismos, de nuestras instituciones y representantes de la res pública. Asombra el aplomo ante el mangoneo in fraganti, la defensa en forma del “he sido engañado porque han venido en representación de asociaciones financieras“. No hay límite, evidentemente. Situaciones así conducen a sospechar no veladamente que las agrupaciones políticas se han ido conformando en otra suerte de lobby de presión, pero que en lugar de pagar, cobran. Y si puede ser dos veces, miel sobre hojuelas.

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