Cuba desde la Pupila Insomne

La sección de información internacional de los principales diarios nacionales suele constar de cuatro, a lo sumo de seis páginas. En los espacios televisivos, dicho apartado no cubre más allá de los ocho minutos de un total aproximado de treinta, siempre y cuando no haya sucedido algún hecho particularmente destacable, en su mayoría tragedias impredecibles (vease Japón durante estos días). Por lo tanto, espacio tan poco preeminente en medio del batiburrillo protagonizado por el deporte, en todas sus vertientes, en lo que a productos de información general se refiere, aquel debería aprovechar toda su dimensión en seleccionar meticulosamente su contenido diario. Este planeta, con más de ciento noventa países en liza y acercándose a los siete mil millones de habitantes, encierra tantas historias dignas de ser contadas, que en cuatro folios o unos pocos minutos antes del fútbol pero después de los hechos patrios hay que realizar selección de gourmet periodístico para acercar al ciudadano aquello que, objetivamente, resulta más destacable en las últimas veinticuatro horas.

Todo esto viene a cuento por la obsesión que despiertan ciertos Estados para nuestros redactores de la sección de internacional, independientemente de la orientación ideológica de los mismos, ya que ésto ha ido gradualmente desapareciendo en la medida que su supervivencia se sustenta en la contratación de publicidad, no en el euro abonado al adquirirlo. En este sentido, y salvando hechos indiscutiblemente protagonistas como los actuales movimientos revolucionarios en el norte de África o el ya mencionado terremoto cerca de Japón, cualquier hecho que pasaría desapercibido de ocurrir en la mayoría de los Estados, se convierte en titular de la mañana si se desarrolla en Bolivia, Venezuela y, como no, en la estrella de los noticieros: Cuba.

La realidad de Cuba, según Latuff

Estos tres países tienen en común su baja importancia macroeconómica en el contexto mundial, pero la obsesión por todo aquello que ocurre dentro de sus fronteras asombra tanto como la ignorancia que sostenemos acerca de la cotidianeidad de protagonistas que afectan, y mucho, al devenir de nuestra nación. Un español medio opina sin remilgos sobre como se vive en Cuba, qué tipo de mandatario es Chávez, etc., además de hacerlo habitualmente en contexto de enfrentamiento al más puro estilo de tertulia futbolera de lunes. Y esto es así porque la manera de enfocar todo aquello que ocurre en la Latinoamérica socialista produce apasionamiento, pero a su vez sobredimensión interesada. Si usted no es amante de la política allende nuestros mares, ¿Sabría decir el nombre de los dos últimos Jefes de Gobierno de Paraguay? ¿Podría recordar las siglas de, al menos, uno de los principales partidos políticos de El Salvador? En cambio, cuantos conocimientos y leyendas albergamos de lo que se cuece en La Habana o Caracas, a pesar de su idéntica dimensión universal, minúscula frente a la importancia, en términos absolutos, que genera aquello que ocurre en Berlín, Pekín o Moscú. Importancia que afecta a nuestra cotidianeidad, por cuanto en capitales como las citadas se deciden y proyectan hechos y políticas sumamente estratégicos para nuestros bolsillos, para nuestras esperanzas. Aún así, medios de comunicación considerados progresistas no se ruborizan al tildar a Hugo Chávez de dictador, tras una decena de elecciones ganadas con el aval de los observadores de la UE, la OEA o el Centro Carter, mientras calificaban de “Presidente” al dudoso Vladimir Putin.

Esta abrumadora paranoia ejerce un influjo de parcialidad sobre la opinión pública nacional, un apasionamiento interesado que se deshilacha siempre por el borde más fino. Mientras realidades como las expuestas repetidamente por organismos dependientes de la ONU, en lo que respecta a los excelentes resultados cubanos en materia de alfabetización, esperanza de vida infantil o servicio sanitario básico, quedan oscurecidas por historietas amarillistas que suceden a lo largo y ancho del globo, el abrumador peso de la diplomacia norteamericana para mantener un embargo criminal sobre la isla caribeña pasa de puntillas por nuestra consciencia y nuestra dignidad.

Para finalizar esta ligera reflexión, que no reflexión ligera, nos enorgullece compartir con nuestros lectores la lectura y visita a un honesto medio de información independiente centrado en acercarnos realidades que no aparecen en esas cuatro páginas de internacional, obstinadas demasiado a menudo en aplastar nuestra posible opinión discordante en relación a sus obsesiones.

http://lapupilainsomne.wordpress.com/

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3 respuestas a Cuba desde la Pupila Insomne

  1. Poco tengo que agregar a esta entrada, que no sea compartirla plenamente. El eurocentrisno combinado con falta de información y -lo que es peor-la distorsion, producen esta realidad que describes. Si un día sacamos la noticia de que Chávez come niños, se la creen en décimas de segundo, pero si pretendes explicar los “falsos positivos” de Colombia… puedes armarte de paciencia para que empiecen a comprender que Uribe sí que era “malo” y que de alguna forma comía niños.
    Abrazo

    • Tinejo dijo:

      Efectivamente, María. Estamos ante la esencia del relativismo político, pero lo grave es la connivencia del cuarto poder, que en raras ocasiones sale del casillero de vocero para convertirse nuevamente en informador veraz. Gracias por tu comentario.

  2. Pingback: Articulo Indexado en la Blogosfera de Sysmaya

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