El dilapidador ambulante

En los westerns que tanto disfrutábamos en la infancia, ésos en los que, a medida que íbamos cumpliendo años,  progresivamente trasladábamos nuestra simpatía de los emprendedores cowboys hacia los heroicos indios, aparecía recurrentemente un personaje secundario pillo y timador, un emprendedor de lo cutre.

Algo así, pero cambiando el humor por el drama. El vendedor ambulante, que aparecía en las poblaciones recien constituídas intentando aprovecharse de la ignorancia y la desesperanza ajena ofreciendo productos supuestamente milagrosos, es una figura incrustada en casi cualquier espacio y tiempo de la historia. Su final, en todo caso, siempre es el mismo, sangriento y brutal a manos de algún estafado, indignado doblemente con la certidumbre inocente del engaño y la pérdida de sus escasos recursos.

Estos titiriteros comerciales, como decimos, han cultivado su brillantez sobre la estupidez ajena, y es presencia confirmada en cualquier sociedad y momento histórico, si bien sus ropajes y actitudes evolucionan en la medida que sus ancestros fracasan.

Hemos analizado en artículos anteriores el momento actual que padece el conjunto de Cajas de Ahorros en nuestro país a raíz de la agresiva campaña de modificación y transformación de su naturaleza jurídica por parte del ejecutivo nacional. Como recordamos, se han ido dando una serie de pasos, confusos en su inicio, terriblemente clarificadores en estos días, que demuestran a las claras unos propósitos espurios. Hagamos memoria:

1. El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, comienza a hablar de la reestructuración del sistema financiero español, atendiendo especialmente a la supuesta debilidad en los ratios de solvencia y morosidad por parte de las entidades de ahorro. Anima a buscar alternativas de cara a reordenar el mapa de las Cajas, dejando abiertas las posibilidades.

2. Tras varias intervenciones en la misma línea, comienzan a embrionarse uniones estratégicas de Cajas de ahorros, siendo Caja Navarra, Caja de Burgos, CajaCanarias y Sa Nostra (ésta última se descolgaría finalmente) la asociación pionera en anunciar una agrupación bajo la fórmula de un SIP (Sistema Institucional de Protección), con el objeto de buscar sinergias financieras para mejorar sus perspectivas de negocio.

3. El Ministerio de Economía y Hacienda anuncia la obligatoriedad, antes de fin del año 2010, de conformar grupos de cajas bajo esta fórmula o fusiones reales, poniendo a disposición de dichos movimientos empresariales el denominado FROB (Fondo de Reestructuración Bancaria Ordenada), de cara a agilizar la financiación necesaria para acometer los procesos mencionados. Las cantidades solicitadas se tienen que devolver en un plazo máximo de cinco años a un tipo fijo del 7,75%. Salvo Banca Cívica, el resto de uniones acuden al auxilio de esta fórmula de financiación.

4. Conformados los principales SIP, bajo la figura obligatoria de una entidad bancaria de nueva creación formada por las cajas participadas en cada proceso, se anuncia la obligatoriedad de que dichas entidades coticen en bolsa en un plazo que no puede superar el mes de marzo del año 2012. Las entidades de ahorro que opten por mantener su naturaleza jurídica o los SIP que no abran su participación en el mercado bursatil, deben cumplir unos mínimos extremos de exigencia solvente (10% de ratio), prácticamente inalcanzables (Unicaja ó BBK son las excepciones hasta la fecha). De este modo, las integraciones eficaces se transforman en nacimientos de nuevas entidades bancarias, en las que las cajas fundadoras se reservan un porcentaje superior al 51% del accionariado y el resto, dependiendo de la decisión de cada Consejo de Administración, saldrá a bolsa, entrando capital privado que, en caso de concentración, puede variar diametralmente la naturaleza y objeto del destino fundacional y social de las Cajas.

5. Actualmente, y bajo las premisas descritas anteriormente, en las que desde el gobierno estatal se ha venido culpando a las entidades de ahorro de excesiva morosidad en operaciones dudosas (en muchos casos auspiciadas por la clase política desembarcada en los órganos de gobierno de las Cajas), así como de su inviabilidad jurídica de cara a la atracción de inversores extranjeros se ha logrado desnaturalizar de manera sensacionalista la esencia de las Cajas, motores económicos gracias a la reinversión social, así como garantes eficaces de la atención cercana y preocupada de sectores poco atractivos a nivel de rentabilidad para los bancos (pensionistas, entidades sociales, etc.). La obligatoriedad de conformación de una entidad bancaria sobre los pilares de las cajas, lo que, a primera vista, podía sonar a contrasentido, por duplicidad de funciones, se ha destapado como la esencia misma del plan ejecutor comenzado hace año y medio. Las Cajas se quedarán convertidas en meras fundaciones enrocadas en su porcentaje de participación en el banco matriz, que decidirá en términos estratégicos como dotar las correspondientes obras sociales. A la entrada de capital privado, éste, vinculado a alguno de los socios fundadores, en escenarios de concentración accionarial, puede resultar definitivo para el enterramiento, gradualmente, de un modelo eficaz que se han encargado de demonizar impunemente.

6. El último capítulo de este defenestración de soberanía nacional ha tomado forma por obra y gracia de una nueva generación de vendedores ambulantes, representados por el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Los mercados y los inversores internacionales han dejado de presentarse como figuras abstractas para concretarse en algo tan terrenal e inquietante como jeques y petrodólares. De este modo, el titiritero se ha llevado a Oriente Próximo una maleta llena de productos con magnífico envase y un contenido milagroso: Bancos nuevos, con muchos fondos de ahorradores y pequeños empresarios, así como ingentes promociones inmobiliarias en cartera, listas para vender. Compre señor, que le sale barato. El jefe del ejecutivo, en un nuevo acto de soberbia incompetencia y ausencia de mira histórica, ha anunciado la entrada de capital quatarí y dubaití en nuestro sistema financiero-social, como un logro estratégico de agarrate y no te menees.

En todo esto, cabe preguntarse ¿la democracia qué es? Mientras nuestros antiguos socios, a los que recíbiamos en Moncloa o visitábamos en jaimas, se convierten en tiranos desterrados de nuestro selecto grupo sólo cuando el pueblo expresa lo que ya se sabía, firmamos acuerdos con sus primos hermanos, los que mañana se podrán ver en la misma tesitura de conflicto interno. La honestidad no abunda ni en la política ni en la información, pero nadie oculta que los socios del oro negro lo son en tanto en cuanto vendan barato, suministren bien y mantengan su apariencia de dirigentes generosos al más alto nivel. Hasta ahí, amigos. Si a tus hambrientos súbditos les da por rebelarse y nos obliga a aparentar condena e indignación, no te llamo más.

Quatar es dictadura, es expolio de los recursos naturales para gloria de monarcas absolutos derrochadores y pretensiosos. Aún así, somos cómplices históricos de la injusticia porque no gozamos en nuestro subsuelo del maná fundamental de la vida moderna. Y rematamos la jugada con la más trágica de las ventas ambulantes. ¡Cajas baratitas, oiga. Por ciento cincuenta millones le cedo el control de una recién limpita y lustrosa! Confiemos que al final de la película los vecinos del poblado descubran el engaño y obliguen a reparar la estafa.

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