De la sospecha nadie nos Zalba

Gracias a la agudeza de ciertos medios extranjeros que, afortunadamente para el ciudadano comunitario, continúan ejerciendo esa magnífica y fundamental herramienta denominada periodismo de investigación, nos hemos enterado, con pelos e imágenes, de las triquiñuelas agotadoras de muchos eurodiputados a la hora de pasar por la ofi el viernes a fichar para cobrar las correspondientes dietas. Recuérdese que la operación no es tan sencilla como la de aquellos funcionarios indignos que, de camino a la playa, hacen acto de presencia por su centro de trabajo para justificar horas extras de arena y mar, sino que conlleva un, en la mayoría de las ocasiones, largo desplazamiento a Bruselas (pagado por los fondos comunitarios, de todos, eso sí), para dejar constancia de su aparición fugaz antes de marcharse a pasar el finde con familia y amigos.

El escándalo es mayúsculo, en negrita y cursiva, y los ciudadanos de bien confiábamos que tamaña desvergüenza sería subsunada inmediatamente por las instituciones comunitarias, evitando el sonrojo que produce allende las fronteras de veintisiete Estados que hacen gala de la rancia tradición democrática del viejo continente. Nada más lejos de la realidad. El amarillista The Sunday Times ha presentado un documentado reportaje de investigación en el que demuestra como cuatro eurodiputados acceden a presentar modificaciones a determinadas directivas comunitarias en estudio a petición de un supuesto lobby de presión británico. Dicho lobby, que son entidades de espíritu similar a los mercados internacionales, grupos que existen pero que no vemos, fantasmas que traspasan paredes y fronteras pero que no percibimos, ofrece a estos representantes de la ciudadanía europea una compensación adecuada por la prestación de servicios, prestación que es ofertada a la señoría que más nos afecta, el eurodiputado del PP Pablo Zalba, justificada como pago por sus servicios como asesor permanente del lobby presuntamente corrompedor.Lo que, a raíz de las imágenes emitidas por el rotativo inglés no deja lugar a muchas dudas, es que el protagonista en cuestión acepta modificar la Directiva solicitada, como así ocurre siguiendo las directrices de los solicitantes que de lobby manipulador tiene poco. Tras esa oferta que descentra y pone en franca evidencia de corruptela a nuestro democrático representante se encuentran trajeados periodistas cámara en ristre o, mejor dicho, en bolsillo o similar.

Un hecho así, injustificable de todo orden, eleva el concepto de presunción de inocencia a categoría de mártir de la Orden del sufrimiento político. Nos preguntamos desde nuestra entrada en la otrora CEE para qué sirve realmente un Parlamento que no puede emitir normas aplicables de forma directa al común de la ciudadanía europea, en la que sus señorías se encuentran escandalosamente bien remuneradas a costa de una dudosa responsabilidad elevada. Ahora, en esta vuelta de tuerca de la constancia visual y sonora de una práctica que se revela común por la manera de contestar del eurodiputado navarro, nos preguntamos algo más: ¿Cual es el límite de la deshora pública inevitablemente inmediato al procesamiento judicial? Duele que tenga que venir un medio de comunicación sensacionalista (en contraposición a su hermano diario The Times en lo que respecta a su prisma informativo, no al rigo y contenido de su edición) a realizar la labor que ignoran los diarios e informativos “serios”, pero desgarra que los implicados con luz y taquígrafo, por muy oculto que éste se encuentre a la hora de revelar el presunto delito, justifiquen su indecencia y se sitúen en la posición de acusador contra todo aquél que duda de su impresunta honorabilidad.

La reflexión a este nuevo capítulo de lo obvio que se ha de declarar presunto hasta que se convierta en olvidado y desterrado de nuestra indignación (estadísticamente es su futuro más probable) no puede ser más pesimista, inevitablemente más derrotada: Si las propias estructuras de los mastodónticos partidos que albergan a usureros y cambistas de la soberanía popular no reaccionan, nuestra capacidad de resistencia y respuesta como ciudadanía se desintegra, incapaces de articular con tanta profundidad herramientas que permitan el saneamiento de nosotros mismos, de nuestras instituciones y representantes de la res pública. Asombra el aplomo ante el mangoneo in fraganti, la defensa en forma del “he sido engañado porque han venido en representación de asociaciones financieras“. No hay límite, evidentemente. Situaciones así conducen a sospechar no veladamente que las agrupaciones políticas se han ido conformando en otra suerte de lobby de presión, pero que en lugar de pagar, cobran. Y si puede ser dos veces, miel sobre hojuelas.

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El mercantilista que no llora

Los negocios, a lo largo de la realidad humana de los últimos ocho mil años, de nuestra realidad cercana en lo antropomórfico y lo cerebral, han venido aparejados al arte de la guerra. Y ella ha sido provocada y soportada precisamente para controlar y monopolizar nuevos y rentables segmentos de producción cautivadores de doblones, ducados, terrenos o títulos nobiliarios. En definitiva, un elemento definidor ha encauzado el entendimiento de la agresividad y aspiraciones de los grupos a lo largo y ancho de nuestra herencia reciente: el monopolio de la más lucrativa fuente de ingresos y, como consecuencia de lo citado, el control absoluto y despiadado de la realidad geográfica donde se generara dicho beneficio, así como de los individuos perdedores encargados de producir la ganancia a bajo coste.

Resumiendo lo despiadado de la relación existencial entre colectivos a lo largo de la Historia encontramos la respuesta que nos conduce a comprender, más allá de nuestra imposibilidad como ejemplo hacia lo eterno, los mecanismos que manejan el conflicto permanente en la geografía terrestre pero, sobre todo, los límites aparejados a dicho enfrentamiento sempiterno.

Los que componen las pesadillas

En todo caso, como decimos, los grandes héroes de la destrucción y el aplastamiento de otros objetivos han realizado dichas imposiciones por múltiples factores, todos ellos conducentes al control del binomio importación-exportación, se denominara de una u otra manera a lo largo del desarrollo macroeconómico universal. Pero todos esos emperadores, centuriones, duques o burgueses iniciáticos implantaron su crueldad empresarial en base al logro de beneficios sobre explotaciones reales y cercanas, con sus esclavos o lacayos a pie de castillo.

En estos instantes de guerras no encaminadas al control territorial y movimiento empresarial difuso e incomprensible para la mayor parte de los mortales, la belicosidad se centra y atrae hacia la riqueza que no entendemos. El rifle y la corbata se han asociado como el tribuno con el mercenario, pero en una oscuridad con bombillas rotas. A partir de ahí, centrémonos en nuestra realidad de servilismo impregnador de toda realidad; la compra del supermercado, la entrada del partido de fútbol ó el paquete de cigarrillos son las miserias del siervo de la gleva en estado catatónico. No obstante, las miserias recibidas, en uno u otro estado social a lo largo de la Historia, han sido diáfanas en lo que respecta a su producción u origen, hasta nuestros días. En efecto, la actualidad mercantilista ha creado una nueva raza de ejecutores masivos de órdenes y sistemas que reciben a cambio su salario azucarado desde sombras y lejanías que les permiten no reflexionar sobre ese punto de inicio.

Invirtamos el protagonismo de los actores que dan y reciben el mercadeo de nuestros tiempos para sonrojarnos de verdad. Exigir moralidad a la masa receptora de las limosnas generadas es como rogar a un tigre que lama y ronronee en lugar de morder y devorar; por el contrario, los acaparadores de los resortes productivos ya no van a cara descubierta, no se enorgullecen de sus triunfos y logros. Por el contrario, conscientes de su indignidad a la hora de fomentar y expandir este sistema de éxito en negro, movilizan a sus ejércitos sin hombres ni armas, desde la lejanía de sus sistemas financieros que se enrevesan en función de cada complicación que deben preparar para ir escapando de las respuestas exigidas. Así, clavan sus lanzas y asaltan las fortalezas desde sus torreones de pocos metros cuadrados, día tras día, noche tras noche. Y en esas mínimas jornadas de descanso que se permiten los generales del capitalismo, los denominados mercados financieros, ellos también duermen. Y sueñan. Lo que cabe preguntarse, aterrados desde nuestras chozas cada día con menos paja y más barro o estiercol, es si son conscientes, ausentes de cualquier orgullo cercano frente a la sangre y la muerte de sus contricantes, francotiradores con la diana disfrazada, del sufrimiento que generan cada segundo. Vencer a pecho descubierto y, a partir de clavar la bandera y la lanza del triunfo, exigir tributo y pleitesía, es lo que viene soportando nuestra especie desde la aparición fortuita de la llama combustiva y existencial. Masacrar con la cobardía del anonimato de la víctima es el resultado de la especialización financiera y económica del capitalismo, es como lanzar misiles inteligentes en nombre de los derechos humanos de las bestias pardas. Esos mercados que tanto hacen tambalear nuestro destino, el de la colectividad trabajadora reunida en torno a Estados frágiles y cobardicas, están compuestos por seres vivos que, tras afilar los colmillos y saltar sobre las presas, llenan arcas y, a su vez, cementerios y barras de bar. Producen tristezas, dramas y tragedias. Son hombres y mujeres que no salen al campo de batalla a batirse para generar su logros a cara descubierta, sino fantasmas que expanden su capacidad de rendimiento a costa de inversiones de temor y desconcierto.

Tienen hijos, inmuebles, y comen y cenan con amigos y familiares. Cada día tantos mueren y se sacrifican como soldados caídos en proporción a los ceros que logran con un sistema guerrillero de estrategia especulativa, no bélica. Hacen lo mismo que nosotros y, alguno, estamos convencidos, suelta una lágrima por su mezquindad histórica, por su bajeza evolutiva. Triunfan a costa de ampliar su sombra siniestra, pero tienen carne y hueso que se degrada como la nuestra. A costa de la nuestra.

Trío de honestidad entre el fango y la barbarie

Durante la mañana de hoy se ha procedido en el Congreso de los Diputados a la escenificación del argumentario planificado y diligente de la barbarie y la conrazón bélico-económica. Los 340 diputados presentes en el hemiciclo allanaron con su complacencia el devenir de una acción militar mal planificada, injusta y, en lo que respecta a los ciudadanos a los que teóricamente rinden cuentas con esta patraña, mentirosa. ¿Todos siguieron el mismo patrón y discurso? Todos no. Entre el sandwich compresor de ideologías y discrepancias resisten algunas formaciones que representan, con su postura y valentía, a un segmento del electorado muy superior al que pesan en número de votos y escaños. Gaspar Llamazares, por IU y Francisco Jorquera, de BNG (su compañera de partido Olaia Fernández secundó el voto en contra), rompieron la monocorde melodía del resto de grupos con representación en la Cámara Baja. Y lo desafinaron con melodías directas y acompasadas, a través de la decencia y la razón.

Gaspar Llamazares. Aplausos.

Para comenzar con puntualidad dialéctica el circo levantado, José Luis Rodríguez Zapatero se aprestó a disparar la retahíla de frases y leyendas consensuadas por el Ejecutivo y repetida por sus miembros en los diferentes medios de comunicación desde la aprobación de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU. Tal es la perseverancia de ese estudio a martillazos de dogmas comunes, que a preguntas que todos nos hacemos, como por qué no se aplican con igual contundencia ante tragedias humanas como la que viene ocurriendo en Yemen o Bahrein, la ministra de Asuntos Exteriores titubeó y carraspeó con énfasis taquicárdico mientras, como alumno en pleno examen oral, Juan Ramón Lucas escuchaba en su “Con el día por delante” la respuesta acordada.

El Presidente del gobierno se centró en defender la legalidad de la intervención armada a sabiendas de no necesitar ningún esfuerzo de oratoria o recursos de estrategia dialéctica, por lo que ni intentó vislumbrar al auditorio los planes acordados tras el establecimiento de la zona de exclusión aérea dispuesta, según sus propios términos, a finalizar con el genocidio del gobierno contra su pueblo, pero que no pretende expulsar del poder a Gadafi y sus acólitos. Con tremenda vaguedad informativa se podría esperar un tímido cruce de golpes con el principal partido de la oposición, pero ni por esas. La guerra de Irak y las funestas consecuencias electorales que sufrió el PP le llevan a padecer profundas pesadillas cuando tiene que enfrentarse a situaciones de este tipo, así que Mariano Rajoy se limitó a realizar tímidas preguntas de respuesta facilona y automática, así como a resaltar su carácter de formación solidaria con el destino glorioso y solidario en lo bélico de España, que a su juicio se encuentra casi de misión humanitaria por el país de los beduinos, como si los Tomahawk que caen por cientos estuvieran rellenos de alimentos y juguetes.

Joan Herrera, aguantando el chaparrón de su incomprensible postura. Foto de Ricard Cugat.

Tras la connivencia calcada en las alocuciones del resto de formaciones con representación en el Congreso, que obviaremos por insulsas y desaprovechadas, a partir del monolito ideológico formado por cientos de señorías sin oficio ni utilidad política y práctica, la intervención de los diputados Gaspar Llamazares, por IU, y Francisco Jorquera (BNG) y sus votos en contra (junto al de Olaia Fernández, también diputada del Bloque Nacionalista Galego) recogen lágrima y despiertan ilusión. Solos tres entre más de trescientos, pero sin cacareo monocorde, dignos en el compromiso y la idea, en la palabra y los argumentos. La intervención de Llamazares obligó al Presidente a despertar de su letargo guiado, y a pesar de su reciente desprecio a la federación de izquierdas (“IU es muy importante, tiene dos diputados” se burló en entrevista pública el otrora autodenominado ejemplo de talante) se vio obligado a improvisar más allá de las citas dispuestas en el discurso, afirmando que “En Afganistán no hay petroleo ni gas, es una desfiguración burda”, en defensa de los intereses que mueven a nuestro ejército en suelo asiático. Puede que sea cierto y que no dispongan de esos codiciados recursos naturales, pero resulta sospechoso que tiempo después de la intervención se descubriera, por casualidad (ejem), la mayor reserva de litio del mundo, superior a la que se encuentra en Bolivia (por si no entendemos lo que molesta que Evo Morales presida el supermercado de materias primas de latinoamérica), un material esencial para la fábrica de las baterias de los principales dispositivos electrónicos que utilizamos. Y, ante esa respuesta, tampoco queda muy claro si la intervención en Libia sí se encuentra inspirada por este hecho. Viendo la premura de nuestro poco innovador Gobierno en limitar la velocidad máxima en autopistas y autovías, su caluroso e inmediato abrazo a los dictados de París y su absoluta disposición a prestar las cuatro zarandajas militares que poseemos, da la sensación que va a ser cierta la información sobre el importante papel que juega en la viabilidad de la empresa privada Repsol sus contratos de extracción en suelo libio.

Francisco Jorquera, de BNG. El tercer honesto.

Magnífico el momento en el que el anterior Coordinador General de IU espetó a Zapatero su postura de reverso de La Odisea (ironizando con el nombre de la intervención aprobada , Odisea al amanecer), navegando rumbo a Troya, no a Ítaca. Magnífico por el gesto desorientado del jefe del ejecutivo, no acostumbrado a referencias literarias. En realidad, no acostumbrado a mucho más que los ladridos entonados desde la bancada de la gaviota, y su correspondiente bramido defensivo.

Gaspar Llamazares remató su brillante discurso preguntándose qué ocurre con los gobiernos patrios, que terminan sus legislaturas perdiendo el contacto con la ciudadanía que, remarcó, es mayoritariamente pacifista. Desde luego, así lo indica la práctica totalidad de las encuestas que se vienen planteando en los medios de comunicación de todo signo y orientación política.

Teniendo que reconocer el eco en el desierto, el silbido entre el grito, la postura de IU (salvando la negativa a secundarla por parte de Joan Herrera y, por ende, su socio ICV) y BNG, la honestidad y brillantez de sus respectivos discursos y el asomo de eso que muchos queremos ser, ciudadanos honrados formando un Estado honrado, nuestro y transparente, el altavoz de nuestra reivindicación se modula y amplifica nuestro sonido. Somos más de lo que el número de señorías dignos ocupan en la Cámara Baja, y en nuestra mano y energía está que aumente su espacio y relevancia en la toma de decisiones. Mientras tanto, gracias al triunvirato de los lúcidos por nadar entre el fango.

La información devastada. Libia opaca, ONU desorientada

Como aperitivo, dos preguntas que resultan fundamentales para acercarnos a lo que viene sucediendo en Libia desde este fin de semana: ¿Cómo consiguieron convencer con tanta celeridad a China y Rusia para que se abstuvieran en la resolución del Consejo de Seguridad en cuanto al establecimiento de una zona de exclusión aérea? Y, a partir de esa premisa ¿Por qué, si se han conseguido los objetivos aprobados en dicha resolución, se vienen bombardeando palacios y edificios gubernamentales? A partir de ambos interrogantes, el caos se apodera de la información veraz, de tal modo que si se cumple con lo estipulado en la resolución indicada, no se pueden ejercitar acciones terrestres, directas, en la contienda civil de Libia, con lo que se dejaría el escenario en manos de la misma cruenta realidad bélica. Si, por el contrario, la coalición internacional que viene disparando misiles Tomahawk a mansalva sobre territorio libio decide ampliar su escenario y política de acción, se encontrará con el rotundo rechazo de chinos y rusos, con lo que esa plausible segunda fase debe estar bien masticada en Londres, París y Washington porque, de lo contrario, únicamente se está consiguiendo dejar más desértico aún el panorama en la tierra de los beduinos.

Hay otras opciones, claro que las hay. Pacíficas, respetuosas con las políticas internas y la resolución de conflictos civiles de los Estados con belicosidad latente o concreta. Pero de ésas no nos informan, con lo que la trama se deshilacha con roturas profundas. En el Eliseo, principal impulsor de esta celerosa embestida internacional, no se alberga asomo de candidez, con lo que tenemos que asumir que las acciones en liza pretenden enviar a Gadafi lejos del control de los recursos naturales codiciados por el mundo occidental. El ejecutivo galo se ha apresurado a legitimar y reconocer el gobierno insurgente, como si el fantasma popular que ha tomado y perdido ciudades a lo largo y ancho del desierto libio tuviera una organización, estructura y, sobre todo, legitimidad política más allá de las mismas armas que enarbolan con la energía de Gadafi y los suyos. Empate macabro, realidad informativa opaca para nuestros paladares de noticia veloz y necesidad de héroes y villanos.

En Bahrein, Yemen, Marruecos o Argelia se aplasta a movimientos de mucha mayor envergadura sistémica con la misma energía con que se ignora su decencia en el mensaje y su reclamación de apoyo internacional. Debe ser que por esos lares los intereses de las multinacionales extirpadoras de la sangre y el músculo de la corteza africana tienen sus negocios bien atados. Pero en Libia parecía que los tiros iban hacia las mismas dianas, gracias a un gobierno al que se ha venido abrazando en los últimos años con una extremidad, mientras con las otras tres se firmaban a toda pastilla contratos y contratos de explotación energética.

Enarbolar la dignidad de la ciudadanía oprimida duele tanto en la consciencia y la razón del racionalismo europeo que comienza a resultar inquietante este período de “mini guerras” con avales de una organización supranacional incapaz al estilo Versalles. Ojalá fuera cierto, ojalá en la mano levantada de nuestros representantes en el Consejo de Seguridad residiera una mínima sensibilidad por aquellos que mueren entre tanto tiro cruzado. Pero no es así, más al contrario de aquellas decisiones vienen estas balas.

Sangrante es la mentira de nuestros democráticos dirigentes, pero de auténtico infartado resulta saber que no sabemos nada. Los videos y las imágenes que nos acercan resultan tan cinematográficas como aquellos destellos verdes bailoteando sobre el cielo negro de Bagdad, realizadas para sugestionar mentes debiluchas, las mismas que en mayo acudirán raudas a la llamada del miedo. En este instante, el PP no ha establecido el más mínimo pero a la estrategia del ejecutivo, consciente que esta guerra es la suya, la de los suyos. La batalla por la información veraz y razonada es la nuestra.

 

Nunca abandones tus sueños ancestrales. Salta la valla

A partir de este fin de semana, la oferta cinematográfica de la cartelera nacional se encuentra complementada por un lanzamiento que, aún enlatado en formato tradicional, consiste en un efectivo manifiesto dispuesto a noquear nuestro silencio y nuestra renuncia. Basado en la novela homónima del escritor Kazuo Ishiguro, “Never let me go” puede tener mil lecturas y apreciaciones que enlazan sus momentos estelares con joyas del cine de ciencia ficción (Blade Runner, 1984, Un mundo feliz). Está en la base de la misma esencia del género, el ser humano como desplazado de su propio hábitat por la tecnología, por el desarrollo científico, o convertido en enlace de una cadena que desprecia el individualismo. Hay en muchas de estas creaciones un ataque frontal al modelo soviético emanado de la crueldad estalinista, enmascarado en un desprecio hacia cualquier modelo socialista de relación social. En definitiva, implantar en forma de entretenimiento el chip del “anti algo” en el desarmado espectador. Ante semejante utilización de un vehículo amable para desarticular consciencias críticas también aparecieron valientes manifiestos encubiertos contra esta cacería, destacando la muy versionada “La invasión de los ladrones de cuerpos“, de Don Siegel, a mediados de los años cincuenta, denunciando con muchos filtros protectores la paranoia anticomunista del Mcarthismo.

TV y sopor. Pasividad e inocencia hueca. ¿Qué nos diferencia?

Nunca me abandones” destaca por conjugar todos los mensajes que no queremos leer en hora y media de desgarradora quietud. Evita al héroe redentor que despierta la consciencia electrocutada y nos redime a la salida de la sala de proyección, el que nos libera de hacer algo; con un paisaje de fondo que transmite delicado sosiego para nuestros ojos envenena nuestra trabajada cobardía y nos hace mucho daño. Al día siguiente, la herida sigue sin suturar, provocando un dolor redentor.

Los mensajes que se vierten a lo largo del filme son un recordatorio completo de nuestra responsabilidad actual en el devenir próximo de la Historia: jóvenes conscientes de su función como herramientas de un sistema cruel que aceptan ese patrón sin resignación, con pasividad hueca; colaboracionistas no detestados por sus semejantes, más al contrario hasta envidiados por conseguir retrasar una conclusión inevitable; el establecimiento del miedo exterior como motor de la obediencia ciega y sorda y la entrega de una enseñanza existencial colmada de miserables prebendas a cambio de ignominiosos intereses que vamos, poco a poco, hasta la desaparición, entregando como un pago justo. Las lágrimas que podamos verter durante la visualización de esta epopeya contemporánea disfrazada de ciencia ficción inversa no liberan, porque carecen de la tradicional redención de sentimientos empáticos; en realidad, son producto del espejo que nos rodea en cada fotograma ya que cualquier acción de los protagonistas es nuestra tesis en esta existencia fuera del cine que llevamos. Sin solidaridad, entregada a los mensajes globales que nos implantan a diario, seca de compromiso y rebeldía. A pesar de las acciones aisladas que unos pocos lúcidos realicen fuera de toma, tan aisladas como el grito en la noche de Tommy como respuesta a la ausencia de esperanza y futuro, el resto camina en el vergel  pintarrajeado a nuestro paso que nos han dibujado para hacer soportable el saqueo del que somos víctimas.

De la mano.... ¿nos rebelamos o soportamos mejor lo inevitable?

Dentro del cúmulo de mensajes de advertencia que nos acribillan a lo largo de “Never let me go“, uno destaca por su nítida lucidez universal: los que nos preparan para, en su momento, desvalijarnos poco a poco, al menos se preocupaban hasta ayer en corresponder nuestra ingrato destino con cierta entrega a cuenta: una educación superior a la necesaria como herramienta productiva, cierta comodidad burguesa que liberara nuestra aceptación de lo inevitable; en definitiva, que las barras de la prisión estuvieran tan alejadas que no pudiéramos siquiera intuirlas, aún a sabiendas de que estaban ahí, en el horizonte tenue. Por desgracia, la velocidad y codicia van eliminando gastos supérfluos, despreciando la inversión en ropajes dignificatorios. Nacemos y fallecemos desnudos como colectivo esclavo, como ingénuos protagonistas de una realidad que no nos pertenece, alimentando la supervivencia de los faraones y creando sus pirámides.

Esta no es la historia reconfortante de los rebeldes que, una vez conocida la mentira, luchan a favor del honor y la verdad, del mundo que está detrás de las altas murallas. En primer lugar, porque más allá de la liberación no hay nada, vivimos dentro y fuera de ella, lo forma y completa. Para finalizar, porque el único mensaje que debe aterrarnos y, a su vez, puede despertarnos, es el real: el de las víctimas que conocen el crimen y el autor sin tapujos, a las que nada se les esconde, y aún así continúan inevitablemente al matadero. Esas víctimas somos nosotros, y por eso las lágrimas que provoca esta película duelen tantísimo.

Somos esencia de este planeta. Somos Muerte.

Con menos delicadeza, somos mierda. De la barata, formada por plástico, residuo humano defectuosamente expulsado y explosión de núcleo atómico. Somos todo eso mezclado y expulsado a la atmosfera en toneladas ingentes. Eso es lo que somos.

1. Cuando nos sentamos cómodamente en nuestro sofá a disfrutar de un documental histórico, gozamos cruelmente de la decadencia humana desde que nuestros antepasados inventaron el fotograma anexado a otros parientes y a velocidad de vértigo. Es decir, siendo puristas, nos encanta regodearnos en la historia real-visual de la hecatombe civilizada, las guerras odiosas de hombres contra hombres a favor de una raza o un dios ajeno. Eso ocurrió ayer y lo disfrutamos hoy como un eco del pasado prehistórico. Pero son nuestros abuelos, nuestros antepasados recientes, flacos y golpeados por profesar una creencia excusatoria del pillaje económico y la decadencia social. Y no nos hace sufrir, comemos palomitas y lo visualizamos como ficción impactante. Sin más.

Somos escoria.

2. Un japonés sin principio ni recorrido académico dijo la insensatez con megáfono de que la historia de la humanidad había terminado. Todas las posibilidades de revolución y cambio humano se habían probado y habíamos consensuado que esta asquerosidad que padecemos es el óptimo resultado de millones de vidas desperdiciadas. Y saltaron como canguros cientos de economistas liberales para abrazar la teoría del idiota que les había adecuado y asfaltado el camino que pretendían recorrer. Con un apellido complejo, ergo intelecutal, era el gurú fantasmagórico que necesitaban para establecer sus indignidades soterradas. Sin más.

Somos detritus.

3. En el país más extenso del planeta se gestó, desde 1905, la aventura humana más grandiosa y valiente que hemos conocido, comandada por una minoría de barbudos orientales que soportaron la derrota de la Moncada de los Urales primero, la victoria relativa doce años después y la estructuración de una plataforma que mantuvo el pulso de una guerra civil despiada y la conformación de un Estado realmente soberano en tiempo de paja. Ese sueño, ese despiadado acontecer sangriento intentó gestar la tierra de los hombres, del colectivo hecho carne social. El resto lo conocemos; México sangriento con piolet, gulags de extorsión intelectual y física, procesos contra los héroes desde los héroes vencidos y cautivos. Principio y fin del sueño. Lo tuvimos y lo perdimos. Sin más.

Somos cobardes.

Es lo que somos

4. Hoy nos sentamos frente al ordenador, todos, a presenciar la realidad alejada. Cercana geográficamente, pero lejanísima. Y no nos escandaliza; no nos subleva, más allá de ni siquiera reflexionar como empezó todo, en qué medida cuando la valentía triunfa nuestros representantes van a rebufo, y cuando decae, se arrastran hacia el pasado. En este Estado nuestro nos contaron, hace menos de dos décadas, que la empresa pública era un hotentote en nuestra espalda, una reminiscencia hecha de trabajadores deshilachados, sin ganas de estar a nuestro lado y que, más al contrario, remaban Guadalquivir arriba. Hoy nos solicitan contención en el gasto energético, limitación velocística, pero no para solidarizarnos con lo público patrio, sino con aquello que lo fue y hoy lo es de manos y manos que agarran papeletas en bolsas mundiales. No obstante, esa marca que venden como propia consigue sus usureros beneficios, en un 40%, en la tierra norteafricana que ayer era terrorista y hace minutos, antes de medianoche, era el redentor de lo siniestro. Segundos antes de esta lectura rozó nuevamente el lado oscuro, pero su animosidad bélica a la velocidad del rayo ha convertido la duda en nueva confraternidad todavía silenciosa de manera vertiginosa. Sin más.

Somos fariseos.

5. Nos morimos, ese es el hecho. Como especie y como sociedad. No hay remedio. Nosotros mismos desconfiamos de los grupos humanos que buscan otras alternativas de estructuración colectiva. Da igual si funcionan o no, nuestros medidores de opinión, a la vez dueños y señores de los medidores de acción, nos recuerdan que lo que no es como lo inventado cerca de casa no es de fiar. Qué divertida es la tertulia con aquel que recuerda “1984” como la ciencia ficción artesanal que debemos adorar los nostálgicos visuales de lo minoritario. Qué confundido está. Aquello es casi dibujos animados cándidos. A diario sufrimos cámaras en esquinas ocultas que vigilan nuestros pasos, ley en mano pero Derecho bajo la bota, policías abusones que antes de recordarnos nuestros argumentos escupen sobre nuestra tensión y nuestra impresunta honradez. Nos sentamos en alguna mesa, levantamos nuestra bandeja, encendemos aquella maquinaria o hundimos esta azada con el temor de que sea la última vez como si ocurriera por verbigracia de una divinidad más alejada en el universo de lo que estaba el harén de Zeus hace dos milenios.No tenemos dioses ya, pero creamos miedos más enérgicos y omnipotentes. Y los elegimos cada cuatro años, o lo soportamos como si no fueran con nosotros. Sin más.

Somos víctimas.

6. Desde la infancia, independientemente de nuestra voluntad de progreso académico, recibimos la apolítica información de la desestructura humana desde el comienzo de los tiempos conocidos. El ser humano ha sido un virus antropomórfico que, por esa misma evolución animal, ha conseguido crear y destruir al mismo ritmo. Ahora lo sabemos, nos creemos ilustrados por la capacidad de regodearnos en la supuesta incompetencia de nuestros ancestros. Y no aprendemos. Con la misma rapidez que pasamos una hoja del libro de texto obligatorio aplastamos un insecto esencial para la biodiversidad que rije nuestro privilegio.

Somos muerte.

Estamos Muertos.

A Censured Film. No me digas que tengo que ver o votar

Se está poniendo demasiado de moda que la indecencia marque las normas, o mejor dicho, que las adapte y conforme en función de una moralidad no regulada en ningún mapa normativo. En el plano cinematográfico nos encontramos primero con la chabacanada que supuso calificar la película “Saw VI” con categoría “X”, es decir, sólo permitida su visión a mayores de 18 años. Como en España quedan poco más de una decena de salas de proyección con esa calificación, y evidentemente el género de terror no es su especialidad, la sexta entrega de una saga agotada y que hubiera pasado con una recaudación tímida por nuestra cartelera se convirtió en un boom de descargas y préstamos, de difusión sobredimensionada. Los censores, de frente o de costado, siguen sin comprender que limitar lo normalizado convierte a un producto salado en una golosina, y nosotros no hemos aceptado que los perros también son coquetos y cambian de collar de cuando en cuando.

Ahora le ha llegado el turno a otro film de culto gore, del duro, para fieles del género. “A serbian film” mantiene un metraje tan duro y explícito que nadie no amante de la cosa ni se acercaría a cien metros del cine donde la proyectaran. Pero la decisión de prohibir su exhibición en el pasado festival de Donostia primero, y la imputación poco después del director del festival de Sitges, Ángel Sala, por un delito de exhibición de porno infantil, han creado tal precedente de insensatez jurídica que abruma y repugna casi tanto como los fotogramas más oscuros del filme.

La denuncia de la Fiscalía se basa en el artículo 189.7 del Código Penal que castiga con penas de tres meses a un año de prisión o multa a quien “produjere, vendiere, exhibiere, o facilitare por cualquier medio material pornográfico en el que no habiendo sido utilizados directamente menores o incapaces, se emplee su voz o imagen alterada o modificada”.  Encajar este tipo penal en el hecho referido es tan preciso como intentar guardar un balón de reglamento en una cajetilla de tabaco. Pero lo desalentador es que la maquinaria de nuestra fiscalia y judicatura se ponga en marcha con tanta celeridad para procesar un hecho así, mientras no se ruboriza al ver dormir el sueño de los injustos tongas y tongas de expedientes que encierran crimenes e injusticias cotidianas y reales. Injustas y dolorosas.

Este tufillo censor que está impregnando demasiados rincones de nuestro aparato político y judicial también engrasa con efectividad de precisión relojera sus dispositivos para saltar a la yugular a cualquier formación política de izquierda nacionalista vasca (es un contrasentido ambos términos, lo sabemos, pero así se presentan sus estatutos y acta fundacional, como tantas y tantas formaciones a lo largo y ancho de la geografía patria) que ose presentar su candidatura a comicios. Miles y miles de ciudadanos ven hurtado su legítimo derecho de sufragio activo con asombrosa celeridad, mientras la figura de medidas preventivas se convierte en producto de lujo para el común de los mortales. Censura de pensamiento, impedimento para ejercer como honrado contribuyente. En ambos caasos, nos encontramos frente a un Estado paternalista en cuanto a nuestros gustos, pero descuidado en lo que respecta a nuestras necesidades elementales.

A serbian film no es una película excitante, es una película horrorizante, eso debe quedar claro. Lo que en ella se visiona supone para cualquier mentalidad común un rechazo, a lo sumo un divertimento, pero no un peligro. No permitir ver ficción argumentando la conveniencia o no que pueda suponer hacerlo es pura y dura censura, sin ambages.