Me gusta que los planes salgan bien

Eso estará diciendo con rostro de autocomplaciencia, tal vez con un enorme habano entre los dedos, alguien en un punto indeterminado del planeta, rodeado de otros que sonreirán mientras comprueban en inmensas pantallas el devenir de un largometraje con el guión celosamente detalladado.

Estamos a pocas horas de un más que probable cambio de rumbo en Libia. Las tropas contrarias al régimen se encuentran cerca de Trípoli, donde se atrinchera Gadafi y sus fieles, sin intención conocida de rendirse; las cataratas de sangre y destrucción se plantean inevitables. Finiquitado este nuevo capítulo del melodrama norteafricano, en el que los títulos de crédito aparecen cuando los héroes se alzan con la victoria, dejando al espectador con el sabor de que, a partir de ahí, el desierto se transformará en vergel y la pobreza desaparecerá de los hogares deprimidos por arte de biribirloque, los medios de comunicación nos conducen, con tibios titulares de letra fina, a generar expectativa acerca de la grabación de nuevas entregas, con más aventura y espectacularidad. Lo cierto es que ya se manejan hasta los títulos de las producciones en ciernes: Argelia, Marruecos, tal vez Bahrein.

Esos sonrientes productores, que no se intuyen, que se encuentran enmascarados entre tanta algarada popular presuntamente espontánea, son celosos ante el éxito. No quieren presumir de buen ojo para la inversión. Pero sabemos que existen, porque alguien paga lo que, de otra manera, sería insoportable y, sobre todo, irreconducible. En estos dos meses del año 2011, cientos de miles de extras han realizado una labor extenuante basada en la constancia, la paciencia y la valentía más aguerrida. Ahí se encuentra el sustento de tan magnífico resultado, en los decorados y escenografía, en lugar de apostar por la lógica acostumbrada de invertir el grueso de los fondos en actores de postín, en rostros donde descansar nuestra admiración y nuestros sueños.

A primera vista, los grandes estudios norteamericanos serían serios candidatos a hacerse cargo de tan magnífica odisea, pero nada nos hace apreciar un excesivo interés por superproducciones en tierras exóticas a estas alturas, nunca mejor dicho, de la película. El cine europeo, siempre cautivador para los jurados de los grandes festivales, apuesta históricamente por argumentos de corte intimista, centrados en los héroes urbanitas. Historias de dolor, pero sin sangre.

No desesperemos; cuando se culmine esta apasionante saga de aventuras y desventuras populares, de dignidades alzadas contra la opresión malvada, alguien tendrá que salir a recibir los aplausos, a recoger los galardones. Cuentan que el cine chino se encuentra en auge, apostando por innovadoras fórmulas de desarrollo artístico y comercial.

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