Una Segunda con 22 dueños

El Celta vence in extremis al Tenerife y es el único conjunto de la zona alta que no falla, en una jornada donde se comprime la tabla por ambos lados.

A punto de alcanzar los 2/3 de competición en Segunda División, y a diferencia de las últimas temporadas, la tradición, lejos de cumplirse, se obstina en llevarnos la contraria. El grupo de conjuntos que opta por los puestos de privilegio que dan acceso al ascenso directo y al play off de promoción, así como el que trata de eludir el descenso, se comprime y, actualmente, ningún equipo se distancia positiva o negativamente en la tabla clasificatoria. Salvando el caso de la Ponferradina, que con su empate sin goles en El Toralín ante el Granada queda a seis puntos de la salvación, el resto de conjuntos situados entre la penúltima posición y la decimo quinta mantienen idéntica distancia, con distintas rachas de resultados que preven un sprint final de lo más apretado.

Así, el Nástic rascó un valioso empate en Vallecas (1-1), teniendo opciones hasta los minutos finales de alzarse con la victoria. Idéntico resultado registró el Albacete-Recreativo, que condena a ambos al estancamiento en la zona de peligro. El Salamanca, con el estreno de nuevo entrenador, rompió su negativa racha de diez derrotas consecutivas, pero no pasó del empate a uno ante el Huesca. Finalmente, la UD Las Palmas consiguió salvar una igualada a dos con el sorprendente Villarreal B, a pesar de quedarse con diez en la primera parte, por expulsión del medio centro Lequi, y tras ver como los castellonenses le daban la vuelta al marcador.

Por la zona alta, el miedo preside el ritmo de competición de los destacados. Únicamente el Celta fue capaz de alzarse con la victoria (1-0), lo que le permite ostentar el liderato esta semana, tras pasar muchísimos apuros y conseguir perforar la portería del Tenerife gracias a un tanto de Michu en el tiempo de descuento. Los de Tapia, a pesar de este golpe, mantienen una evidente progresión de juego, lo que les permitirá abandonar, por primera vez en muchas jornadas, las posiciones de descenso sin vencen este viernes al Xerez en el Heliodoro. Precisamente, el cuadro jerezano pierde fuelle y cae hasta la séptima posición tras su inesperada derrota en Chapín contra el Córdoba (1-3).

Luna se aplicó en defensa, pero no puedo evitar la derrota del Tenerife en Vigo

Este resultado permitió al conjunto celeste conservar una relativamente cómoda distancia con el tercer clasificado, el Betis, que desde su brillante eliminación por parte del Barcelona en la Copa del Rey, ha entrado en una dinámica negativa de juego y resultados en la competición liguera. Su derrota en Valladolid (1-0) ahonda en la crisis verdiblanca, mientras que permite a los pucelanos distanciarse de la zona de descenso, mirando con cierta ambición las posiciones de play off. Ese grupo lo cierra el Cartagena, tras vencer por la mínima al Numancia, mientras que Girona y Elche pujan con solvencia por ser los nuevos detentadores de alguna de las plazas que permitan optar, por el sistema de eliminatorias directas, al ascenso a la máxima categoría. Mientras que los catalanes se deshicieron con solvencia de un Alcorcón que demuestra fortaleza como local pero se diluye lejos de Madrid, el Elche consiguió darle la vuelta al marcador y vencer con apuros a un siempre correoso Barcelona B. En ese encuentro el delantero del conjunto ilicitano Linares fue expulsado por una durísima entrada al defensa blaugrana Montoya y, a su vez, se lesionó de gravedad, confirmándose una rotura de rodilla que le hará perderse el resto de esta emocionante temporada.

La democracia alejada

Nos encontramos a las puertas de una nueva y despilfarradora campaña electoral, en este caso con el propósito de elegir a nuestro representantes en los diferentes Ayuntamientos, Diputaciones Provinciales y Cabildos, así como en los parlamentos de aquellas CCAA que no aprobaron sus correspondientes Estatutos de Autonomía por la vía del artículo 151 de la Constitución, salvo Andalucía. Estamos, por tanto, frente a un proceso que, si bien debería convertirse en fiesta de la democracia y herramienta real para la expresión de la soberanía popular, se ha enquistado como un procedimiento pactado y pactista. Pactado en base al sistema de distribución proporcional del voto que rige nuestro sistema electoral, y pactista por cuanto los programas de gobierno de los diferentes partidos políticos con posibilidad de conseguir concejales y diputados aparecen matizados desde los mitines iniciales, intentando no herir sensibilidades necesarias para combinar estrategias miserables de poder.

En efecto, el sistema siempre ha utilizado una estrategia de marketing político encaminada a vender la importancia de hacer uso de la papelera, perdón, de la papeleta, expresando nuestra opinión de forma directa, traduciendose ésta en la voluntad soberana del pueblo español. Dicha campaña ha dejado al descubierto su manifiesta ineficacia, por cuanto el nivel de abstencionismo en las últimas elecciones generales y autonómicas, no digamos ya europeas, es abrumador. ¿Por qué? muchos son los factores, pero dos se antojan definitivos a medida que nuestra educación electoral se ha ido asentando con el paso de los respectivos procesos electivos desde el advenimiento de la monarquía parlamentaria.

1. El bicameralismo que propugna nuestra carta magna no se traduce en dualidad de funciones efectivas, y la elección de sus miembros no viene acompañada por un reparto de las responsabilidades que defina su existencia. En nuestro sistema se utiliza, como método de distribución electoral, la fórmula denominada “sistema de D´Hont”. A grandes rasgos, el procedimiento consiste en computar el total de votos logrados por cada partido político en liza y, a partir de ahí, ir repartiendo el total de escaños en función del mayor total de votos en cada división que se vaya realizando. Resulta muy sencillo en base a un ejemplo: supongamos que participan cuatro partidos políticos para repartir un total de 8 escaños. El primer partido ha recibido 240.000 votos, el segundo 150.000, el tercero 70.000 y el último 20.000.

De este modo, se realiza la siguiente tabla:

Partido 1            Partido 2            Partido 3           Partido 4

240.000  (1) 150.000              70.000              20.000

120.000             150.000 (1) 70.000               20.000

120.000 (2) 75.000 (1) 70.000               20.000

80.000    (3) 75.000 (1) 70.000               20.000

60.000    (3) 75.000 (2) 70.000               20.000

60.000    (3) 50.000 (2) 70.000 (1) 20.000

60.000    (4) 50.000 (2) 35.000 (1) 20.000

48.000    (4) 50.000 (3) 35.000 (1) 20.000

De este modo, a medida que en cada paso se reparte un escaño, el partido que lo logra divide para la siguiente columna su elección total, primero por dos, después por tres, etc., hasta contabilizar el número total a repartir. En las elecciones al Congreso de los Diputados y Parlamentos Autonómicos se utiliza este sistema, absolutamente injusto en relación a una democracia directa. En primer lugar, por la fórmula de reparto explicado en el cuadro anterior se desprende la ausencia de democracia directa en el mismo, ya que la proporción juega en favor del partido más votado. En el ejemplo expuesto, el primer partido consigue una proporción de 4/1 con el tercer candidato, si bien el total de votos (240.000 contra 70.000) no representa idéntica diferencia. Si a eso le sumamos los límites legislativos para poder siquiera optar al reparto (mínimo de 3% a nivel nacional, pero con casos tan sangrantes como el regulado en la Ley Electoral de la CCAA de Canarias, que establece un límite del 6% regional y el ¡30%! insular), y que las listas no son únicas a nivel nacional, sino provinciales (lo que establece un segundo baremo poblacional por escaño que afecta a la proporcionalidad), tiramos la soberanía popular a la basura.

De este modo, una Cámara que debería recoger el sentir político general del total de ciudadanos del Estado queda repartida en beneficio de los dos grandes partidos, así como beneficia a aquellas formaciones políticas que concentran su capacidad y espectro político en una CCAA determinada. Sumemos a estos despropósitos el anteriormente mencionado elemento abstencionista, que no mantiene representación ni resta número de elegibles, y la injusticia está bien preparada. Es más, a los partidos mayoritarios hasta les favorece que ésos que no votan ni aparezcan, sobre todo los desencantados y críticos con el sistema.

A su vez, el Senado se instrumentaliza como una Cámara de representación territorial sin serlo, ya que, el no contar con listas cerradas no influye en la fórmula de elección, circunscrita a provincias y con elección directa, pero sin instrumentalizarla como un órgano con efectiva capacidad legislativa y reglamentaria en asuntos de índole territorial. Al contrario, su presencia se limita a servir de frágil contrapeso de la Cámara baja, lo que en lugar de constituir un elemento constructor de la voluntad del Congreso, únicamente consigue (en función de las mayorías) frenar el proceso de elaboración normativa.

2. La inexistencia del péndulo necesario que equilibre la voluntad general, residente en los más de treinta y cinco millones de electores, con respecto a los desajustes del sistema. Consecuencia de lo advertido en el primer punto, el sistema, de forma directa, evita un equilibrio jacobino entre la expresión del soberanismo parlamentarista y el sentir de la población. De este modo, no sólo quedan millones de votos arrimados en los grupos mixtos de las Cámaras de representantes, sino que el boyante abstencionismo, fruto del desencanto por las fallas del proceso y la realidad política, no viene acompañada de un contrapeso popular que complemente las decisiones representadas en los órganos de gobierno.

El Asamblearismo democrático, maquillado tras los límites, arreglos y mecanismos detallados anteriormente, se traduce en desigualdad, irrealidad y, en definitiva, limitación de la legitimidad del sistema.