Los pasos desandados

Catorce senadores demócratas del Estado norteamericano de Wisconsin se encuentran desde hace días en paradero desconocido para evitar la bochornosa obligación de participar en un bochorno legislativo que pretende cortar por lo sano salarios y derechos sindicales de los funcionarios públicos. La legislación estatal exige un quorum mínimo de veinte senadores, y los republicanos cuentan con diecinueve escaños, así que de este modo desesperado intentan evitar el refrendo de un proyecto que ya ha sido aprobado en el congreso del estado de Madison, pero que necesita esta ratificación senatorial.

El gobernador republicano, Scott Walker, intenta reducir el déficit exigiendo esfuerzos facilones, a los de siempre, y eso hablando de un país como Estados Unidos en los que la mayoría de nuestras garantías laborales son consideradas casi de corte marxista, con lo que modificaciones como las previstas pueden dejar literalmente en ropa interior a los afectados. Una de las medidas supone para Estados sociales como el español un espanto, ya que consiste en aportar prácticamente el doble anualmente, por parte de los funcionarios públicos, para poder seguir disfrutando de sus esenciales seguros médicos, sin los que enfermar y morir en cualquier acera son causa y efecto inevitable.

Este conflicto, aunque los niveles de negociación se mantienen a considerable lejanía con nuestras prestaciones y garantías actuales, nos tiene que volver a recordar con qué facilidad se pueden desandar pasos cruciales en la historia de la lucha obrera y, sobre todo, tener muy presente que aquellas garantías de las que ahora disfrutamos no aparecieron por obra y gracia de legisladores sensibles con la causa trabajadora, sino merced a la lucha constante, en muchas ocasiones sangrienta y enconada, de antepasados valientes. En los últimos cien años demasiadas vidas han quedado en el camino del conflicto entre clases, de la demanda inexorable de condiciones dignas para desarrollar nuestra profesión y conciliar nuestra parcela laboral con la familiar.

En España, desde el comienzo de una crisis que, en ningún caso, está asociada a la productividad real de la clase trabajadora, hemos dado demasiados pasos de cangrejo, lo que envalentona a los causantes del holocausto financiero en el que nos encontramos. Estos, agazapados entre acciones y paraísos fiscales, reclaman a sus ejecutores que se lo sigan poniendo fácil y nosotros, los que nos levantamos muy temprano a seguir generando los recursos imprescindibles para desarrollar nuestra existencia, estamos abandonando el último púlpito que nos resta: la calle, la protesta pacífica pero firme. No traicionemos a nuestros héroes, a los que nos legaron nuestros derechos.

El Axilio

F. en postura de docencia gramática frente a R. y sí, exiliado y exilado son equivalentes, pero a mí ya se me encasilló lo de exilado, es más tierno, retumba a menos lejanía. Pero entonces R. le recordó una tercera opción de estar alejado de lo tuyo, un destierro a secas, y la equivalencia fonética era sin duda indiscutible. De vez en cuando- le decía R.- todos nos encontramos sin excusa axilados ante el resto, y era cierto, y la carcajada de realidad, cuanto cierto en todo eso. Axilado, desde dentro con las caricias del primer aguacero personal adquiriendo el olor que en la calle no, pero imagínese en una reunión aburridísima y en el verano de esta isla. Absolutamente axilado. Las primeras reacciones no tardarían en aparecer, mientras que otro año en segunda, este equipo siempre igual, pero la mirada rezongando bajo el brazo que no puede ocultar un lago sin fondo, personalísimo. Y el axilado percibe como dentro del círculo ya está empujando su privacidad al contorno, y los contertulios comparten celerosos los últimos comentarios porque aquello hay que evitarlo salvo que un segundo salga valiente y marque encharcado que no, que es solidario y ya. Entonces aparece la diferencia sustancial entre la equivalencia primera y esta forma interna de decir chau. Es el comienzo de la contienda interna, de la guerra civil; los axilados se entienden hermanos de algo inevitable y ya no aceptan despropósitos sino que se rebelan ante los tonos de voz. Porque la autoridad impoluta no dirá nada explícito, sólo sus miradas y el retintín de ese regusto que se sabe desagradable, porque el vacío es cada vez más certero, abarca la reunión en sí y no de soslayo.

Ahí sí, que casi los axilados tendrán la oportunidad de despertar conciencias y sobacos políticamente correctos. Es la revolución de la diversión, amen que de la espontaneidad bienintencionada. En su mano está confrontarlo todo y se acabó la tontería, la democracia está a la orden del día y los niños vienen de Tora Bora con una langosta bajo el brazo, despertando el sabor a la sal natural.

Un Rayo preconcursal

Los madrileños se estrellan en Huesca y no levantan cabeza desde la quiebra del imperio Nueva Rumasa. El Betis despierta en resultados, no en juego, mientras el Celta mantiene el ritmo de cabeza. Por abajo, el Tenerife es el gran beneficiado de la jornada, mientras el Salamanca se enfanga.

El Rayo Vallecano ha perdido fuelle en las tres últimas jornadas. El anuncio de su entrada en concurso de acreedores, como otras nueve empresas del emporio Nueva Rumasa, ha afectado en lo anímico al conjunto madrileño, que salió vapuleado de su visita a El Alcoraz. El Huesca, poco acostumbrado a tanta cosecha goleadora, endosó cuatro a los rayistas y continúa manteniendo una prudente distancia con la zona de descenso.

De este modo, el Celta, con su victoria en Tarragona (1-2), comanda en solitario una jornada más la tabla clasificatoria, mientras que el Betis recupera buenas sensaciones de cara a adquirir una de las dos plazas que dan acceso directo a Primera División, tras deshacerse en la segunda parte del Albacete (2-0). Los hombres de Pepe Mel continúan en una crisis seria de juego, pero los goles de Roversio y Jorge Molina en el último cuarto de hora de partido, pueden suponer un reencuentro con las sensaciones positivas verdiblancas.

En la zona noble de play off continúa firme el Granada, que demuestra que el rival que pasa por Los Cármenes suele marcharse con la cabeza baja. Cinco goles recibió la UD Las Palmas que, a pesar de ponerse por delante en el marcador en la segunda mitad y ver como el conjunto andaluz se quedaba con diez, recibió cuatro tantos de manera ingenua. Los de Paco Jémez continúan exhibiendo carencias impropias de un conjunto de la categoría de plata y sólo la fortuna ha permitido que no duerman en posiciones de descenso.

Julio Álvarez fue protagonista en la victoria del CD Tenerife ante el Xerez

Destaca también en la zona alta la victoria del Girona en el feudo del Villarreal B, lo que permite a los catalanes alcanzar, por primera vez en la temporada, las posiciones de play off. Aunque el partido más atractivo de la jornada se disputó en Los Pajaritos, donde el Barcelona B derrotó por 4-6 al Numancia. el blaugrana Jonathan Soriano fue el jugador más destacado, al anotar los tres primeros goles visitantes.

En la zona baja lo más destacable fue la victoria del Tenerife ante el Xerez (2-1). El conjunto blanquiazul, respaldado la noche del viernes por más de dieciseis mil espectadores, consiguió su tecera victoria de la era Tapia, lo que posibilita que duerma fuera de puestos descenso por primera vez en esta temporada, mientras que los andaluces cosechan su tercera derrota consecutiva y abandonan la zona de ascenso. El Salamanca salió vapuleado de su viaje a Alcorcón y se entierra en los puestos que otorgan pasaporte a Segunda B, mientras que la Ponferradina, a pesar de su empate en Huelva (1-1), parece el más firme candidato a abandonar la categoría a final de temporada.

A kilómetro el barril

A pesar de los bramidos de la balconada derechista, el gobierno estatal ha tomado, en los últimos dos meses, sendas decisiones estratégicas que demuestran una cierta capacidad independiente a la hora de tomar las riendas de las situaciones más acuciantes en lo nacional y en lo internacional.

Cuando, en vísperas del período navideño, el colectivo de controladores aéreos españoles lanzó un órdago dramático al conjunto del sistema productivo, el ejecutivo, apartado el ministro Blanco de la primera línea de la toma de decisiones desde su inicial aparición pública, sacudió la asonada con una respuesta caracterizada por la fortaleza y la implacabilidad. Efectivamente, la aprobación del estado de alarma, una herramienta constitucional que parecía reservada únicamente para situaciones de complicación militar o terrorista interna, situó los puntos sobre las ies y posibilitó la apertura de una negociación entre iguales. Actualmente, a pesar de que los grandes titulares hayan sesteado en relación a este asunto, el conflicto se ha encaminado hacia una transición que regulará las condiciones laborales del colectivo de controladores aéreos dentro de unas pautas de normalización salarial y, sobre todo, de equiparación con respecto a otros sectores productivos de igual o mayor importancia para el conjunto del Estado.

En manos de nuestro agónico fin

El Vicepresidente primero y Ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, fue el encargado de protagonizar ese radical cambio de posición gubernamental, estableciendo pautas contundentes de actuación que impidieran denotar tibieza o debilidad por parte del gobierno estatal. A su vez, como decíamos, utilizó una herramienta innovadora, no por ello útil y razonable, a la hora de sacar del enquiste una situación aparentemente enconada. Ese es precisamente el camino que ha seguido para una situación de diferente naturaleza, aunque sus resultados, consecuencias y, sobre todo, fundamentos, están por determinar.

España ha sido el primer Estado mundial que, en vista de la situación política y humanitaria desparramada a lo largo y ancho del norte de África, ha decidido limitar la velocidad máxima en autopistas y autovías nacionales. Así, a partir del próximo 7 de marzo, los vehículos podrán circular por este tipo de carreteras a 110 km/h como velocidad permitida, en base al argumento económico de reducir gastos en el consumo de combustible. La medida no parece copiada de ningún manual del buen mercantilista internacional, ni asesorada y arropada por los buenos amigos de la especulación capitalista, así que cabe preguntarse si estamos ante un nuevo golpe de mano del ministro-delfín, o si algo intencionado se esconde ante los buenos propósitos ahorradores de nuestra clase dirigente.

Veamos, las compañías eléctricas que operan en territorio español han anunciado y llevado a la práctica, una subida fulminante de sus facturas a comienzos del presente año, escudándose en la sostenibilidad de la red y el encarecimiento de la productividad energética. Dicha energía se produce a costa de bienes de dominio público en su mayor parte, como presas fluviales, pero aún así nos sangran con aumentos desorbitados en los tiempos que corren. Por otro lado, la estructura ferroviaria se está modernizando a la misma velocidad que desaparecen los trenes regionales y de vía estrecha. En lugar de ofrecer alternativas económicas y estructurales a los usuarios que ven como muchos trayectos desaparecen o sus billetes se encarecen, cortan hermosas cintas inaugurales, suben la tarifa, y a otra cosa.

Pero si en Libia las cosas se ponen feas (para Repsol, evidentemente, no para sus nobles habitantes), las medidas urgentes de corte paternalista no tardan en sucederse. No es de extrañar que el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, sea el primero de los mandatarios occidentales que haya anunciado su visita a Túnez. España tiene un déficit importador petrolífero, dependiendo en exceso de los acuerdos que en la zona en conflicto mantiene la otrora compañía pública de hidrocarburos. Cuando estábamos discutiendo acerca de la conveniencia de suprimir los límites de velocidad en aquellas vías aptas para ello, como ocurre hace años en Alemania, nos aparece una veloz decisión para proteger nuestro frágiles bolsillos. Aunque la cuenta del supermercado se haya disparado sin remisión, a pesar de que llegar a fin de mes adquiriendo lo indispensable sea para millones de ciudadanos una quimera. Es que nos quejamos de vicio.

Alta fidelidad nacional

Hasta que comenzó el siglo XXI, Joaquín Sabina coronó una intensa batalla que se despertó a finales de la transición en base al reinado de la palabra nueva, de la conexión con un público que reclamaba derribar las margaritas y los paseos a la orilla de la playa, el pasteleo cargado de azúcar blanca. Fue una batalla limpia, sin ganadores ni perdedores, pero en la que el de Úbeda, con un pop rock sincero, entre lo urbano macarrilla y el verso romántico de una sociedad con cada día más condimentos en la paleta, triunfó sin mancharse las manos. Ahí sigue, reinando en los estadios y plazas, con miles de nostálgicos escuchándole repetir lo que, con sus rimas y ritmos, ya hicieron símbolos de otra índole y temporada. Los tiempos estuvieron detenidos desde que el 20 de noviembre del 75 la inmensa mayoría sonrió para sus adentros hasta que los herederos de esa fecha regresaron vestidos de centralistas europeos y nos sacaron de un letargo para el que no se había inventado cloroformo invertido.

Los vinilos se sustituyeron por CD; éstos lucharon a brazo partido contra el laser disc, contra el vinilo nuevamente mientras, a su vez, aplastaba el cassette sin remilgos y, cuando la victoria parecía definitiva, el mundo varió sin pausa hacia soportes insoportables para el no adaptable. Los músicos patrios comprobaron como su comodidad, en base de royaltys y discos de oro con sólo toser un nuevo single, se evaporaba, y una realidad en forma de archivos que vienen y van, que crean y comparten artistas y sonidos salidos de bares y discotecas de provincias, jugaban la misma partida que sus respectivas consagraciones.

En primera posición, el asturiano Nacho Vegas, que acaba de publicar “La zona sucia”. El antiguo componente de Manta Ray, símbolo del indie nacional, acaba de entrar en el número tres de la lista de ventas española, lo que da buena cuenta de los inevitables cambios de formato a la hora de consumir música. Ni la ley antidescargas, ni spotify y su buenrrollismo melódico, ni mucho menos emule y sus amigos compartiendo lo bueno y lo malo, definen lo que el público demanda. Cada día más, la música está a pie de calle, y se comparte como un secreto juglar, cerquita del oído. Esto se comprueba con la magnífica acogida de un cantautor hispano-palestino que, hasta ayer, escuchaba en primera fila a Ismael Serrano soñando escribir media estrofa a la altura del vallecano sin, hasta ese momento, haber acariciado una guitarra:

Pero hay más, hay tantos que todavía están lejos de abarrotar Las Ventas y, aún así, están todos los fines de semana contando historias imprescindibles a lo largo y ancho de la geografía nacional. En realidad, no son anónimos. Hay oídos fieles que están pendientes en cada ciudad, en las localidades con salas que abren sus puertas a los que algo tienen que contar y decir, a la visita de esa hornada bien tostada de poetas con instrumento que han formado una nueva generación consciente de la trascendencia de poner ritmo al descontento popular. De vez en cuando se unen para revivir la nostalgia de los comprometidos recitales de otras luchas, de otras reivindicaciones, pero independientemente de eso, cantan alto contra las mismas injusticias, recordando que seguimos padeciendo un mundo en el que el sufrimiento y el dolor se ejecutan desde las mismas manos que alivian un dolor sanable. En el caso del Estado español, el virus se encuentra a lo largo y ancho de nuestro territorio, inoculado a la vez que el antidoto se ha venido guardando celosamente lejos de manos dignas. El mal es el mismo, y contra él se grita en todas las lenguas nacionales, como con tanta sensibilidad demuestra Pau Alabajos:

En definitiva, hay una generación que no sueña con ser el primero de los no sé cuantos principales, sino contar, en clave política, romántica, íntima o tragicómica qué ocurre a nuestro alrededor. Existen más allá de los canales musicales tradicionales, y queremos compartir algunos más para que, cuando pasen por sus respectivos municipios, estén prestos a darles una inolvidable oportunidad:

Me gusta que los planes salgan bien

Eso estará diciendo con rostro de autocomplaciencia, tal vez con un enorme habano entre los dedos, alguien en un punto indeterminado del planeta, rodeado de otros que sonreirán mientras comprueban en inmensas pantallas el devenir de un largometraje con el guión celosamente detalladado.

Estamos a pocas horas de un más que probable cambio de rumbo en Libia. Las tropas contrarias al régimen se encuentran cerca de Trípoli, donde se atrinchera Gadafi y sus fieles, sin intención conocida de rendirse; las cataratas de sangre y destrucción se plantean inevitables. Finiquitado este nuevo capítulo del melodrama norteafricano, en el que los títulos de crédito aparecen cuando los héroes se alzan con la victoria, dejando al espectador con el sabor de que, a partir de ahí, el desierto se transformará en vergel y la pobreza desaparecerá de los hogares deprimidos por arte de biribirloque, los medios de comunicación nos conducen, con tibios titulares de letra fina, a generar expectativa acerca de la grabación de nuevas entregas, con más aventura y espectacularidad. Lo cierto es que ya se manejan hasta los títulos de las producciones en ciernes: Argelia, Marruecos, tal vez Bahrein.

Esos sonrientes productores, que no se intuyen, que se encuentran enmascarados entre tanta algarada popular presuntamente espontánea, son celosos ante el éxito. No quieren presumir de buen ojo para la inversión. Pero sabemos que existen, porque alguien paga lo que, de otra manera, sería insoportable y, sobre todo, irreconducible. En estos dos meses del año 2011, cientos de miles de extras han realizado una labor extenuante basada en la constancia, la paciencia y la valentía más aguerrida. Ahí se encuentra el sustento de tan magnífico resultado, en los decorados y escenografía, en lugar de apostar por la lógica acostumbrada de invertir el grueso de los fondos en actores de postín, en rostros donde descansar nuestra admiración y nuestros sueños.

A primera vista, los grandes estudios norteamericanos serían serios candidatos a hacerse cargo de tan magnífica odisea, pero nada nos hace apreciar un excesivo interés por superproducciones en tierras exóticas a estas alturas, nunca mejor dicho, de la película. El cine europeo, siempre cautivador para los jurados de los grandes festivales, apuesta históricamente por argumentos de corte intimista, centrados en los héroes urbanitas. Historias de dolor, pero sin sangre.

No desesperemos; cuando se culmine esta apasionante saga de aventuras y desventuras populares, de dignidades alzadas contra la opresión malvada, alguien tendrá que salir a recibir los aplausos, a recoger los galardones. Cuentan que el cine chino se encuentra en auge, apostando por innovadoras fórmulas de desarrollo artístico y comercial.

Libre circulación de indecencia

Los habitantes de los 27 países que conforman, actualmente, la Unión Europea forman parte de un territorio abierto, en el que se puede viajar con una identificación nacional y sin ningún tipo de traba burocrática a la hora de trasladarse o asentarse en cualquier espacio físico de la europa comunitaria. Hasta ahí magnífico. Recordemos que junto a esa libre circulación de personas, se encuentran las de mercancías, capitales y servicios. Esa es la opípara consecuencia de haber formado una unión económica, no social, sobre la base de un proyecto común ampliamente pervertido desde que comenzara a dar sus primeros pasos con la fundación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, en 1951. Cierto es que esta unión, como la denominada Euratom y la posterior Comunidad Económica Europea no ocultaban o disfrazaban sus pilares de actuación, pero los sucesivos tratados que han ampliado el acuerdo inicial, hasta llegar a los días de hoy, han presentado una preeminencia social sobre el aspecto económico del viaje, y no es cierto.

Cambiar el pasaporte y los visados por una frontera abierta es agradable a la hora de veranear, de pasar un tiempo de estudios en el extranjero, de disfrutar la jubilación frente a otros paisajes, etc., pero no aporta ningún elemento facilitador a la hora de conseguir un contrato de trabajo, desarrollar una carrera profesional o eliminar las trabas lingüísticas inevitables. Ese freno relativiza el derecho fundamental obtenido en lo que respecta a la ciudadanía. Pero los capitales dominan todas las lenguas, tienen las mejores credenciales, los más altos expedientes académicos, y vienen y van como ánimas veloces, casi sin ser vistos. Y los servicios y mercancías, no lo olvidemos, no son más que subcategorías del capital, con lo que sus características son gemelas.

Todo esto nos viene a la mente a resultas de la posición común de 27 grandes formas de aprovechar y entender el mundo más allá del contorno europeísta. Nuestros gobiernos nacionales han cedido su visión acerca de la realidad que se desparrama al otro lado del Mediterráneo con tímidas reacciones de condena o repulsa, y han dejado en manos de una voz común esa misma expresión, ese similar mensaje. Esto ocurre precisamente para defender la libre circulación de la estrella del largometraje. Una voz común aglutina el interés del mercado global europeo, y por eso no debe sorprendernos que el viejo continente, caracterizado históricamente por una razonable franqueza diplomática, se haya tornado en oscuridad y doblez. Antes de hablar hay que calibrar con los Estados miembros cuanto petróleo se filtra desde Libia a Italia, como puede afectar los conductos de gas que viajan de Argelia a España, y que inversiones mantienen y fomentan en Egipto y Túnez los emprendedores alemanes o ingleses. Con todos los ingredientes bien troceados, se remueve el potaje y ponemos cara de poker. Pero comunitaria, eso sí.

A partir de aquí, comienza el análisis meticuloso para analizar el respeto a los derechos. Del capital y las mercancías. A la protección del sagrado valor de libre circulación de los euros y el oro negro. Claro, los nobles habitantes de Goteborg pueden seguir viajando en un despampanante Volvo hasta Nápoles deteniéndose sólo para repostar ese líquido extraordinario, símbolo de la modernidad y el progreso. Sin abrir la cartera más que para abonar el carburante y continuar la marcha. Cuando lleguen a su destino, tal vez se topen con la prohibida circulación de hombres y mujeres que escapan del terror, que piden asilo a la democrática Europa. Pero no parece que éstos traigan, en sus húmedos bolsillos, nuestro maná energético, así que mejor mirar a otro lado y seguir consensuando mensajes públicos que nos permitan preparar un escenario de libertad y derechos. Ya saben cuales.