Elecciones sin futuro

¿Por qué soportamos esta imposición mediática y electoral de despertarnos, sestear y acostarnos recibiendo imágenes y más imágenes de un partido antiguo, en permanente empate, y sin goles dignos de destacar?

Desde la desaparición del CDS y, por ende, de ese núcleo de electores carentes de espíritu hooligan, así como de soportar que los seguidores de IU hayan sido clasificados como aficionados de un conjunto sin posiblidades de alzarse con el título, nacemos casi destinados a posicionarnos en dos lados de una esfera. Exacto, no existen lados, o tenemos multitud de puntos de fuga, pero la esfera es cuadrada, y punto.

No es nuestra intención extrapolar esta reflexión al sencillo plano futbolístico, aunque lo aparentemos, pero no nos negarán que la diferencia entre un derby de máxima rivalidad y una contienda electoral en nuestro Estado apenas mantiene matices diferenciadores: nos bombardean indirectamente acerca de su rivalidad y omnipotencia bipolar todos los días en las portadas de los períodicos especializados, ora de información general, ora deportivos; cuando se acerca un choque directo aparecen la irracionalidad de los valores que puedan existir detrás de un anhelo: sencillamente se quiere a uno y se odia al contrario, aunque los nuestros tengan un defensa rudo y antideportivo o sus jugadores mantengan una vida inmoral más allá de la pantalla del escenario público. Trasladen los símiles de un lado (circular) al otro, y poco cambia.

Hay terceros equipos, a la espera de atraer con otras formas y otras coordenadas nuevos seguidores; aficionados que se planteen con calma y meditación por qué hay que posicionarse, indagar las razones exactas de su sintonia con el colectivo en cuestión que es su semejante grupal, vivir esa emoción más allá de una obligación impuesta ad hoc. Siempre han estado porque representan algo más que satelites de la contienda bipolar, pero esos polos se dedican a achatar su circularidad cuadrada, evitando que salgan al paso de nuevos y consistentes puntos de sujeción, desde donde establecer un atril sólido para transmitir todo aquello que escuchamos de cuando en cuando pero se nos suelta inevitablemente a cada movimiento de balón, desde el pitido inicial hasta los minutos de descuento.

¡Vótame o Vótame!

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