La brújula del sur

Los hechos acaecidos a lo largo del mes en Túnez han despertado, en la medida que nos permiten, nuestro interés e información por la situación real de la ciudadanía del magreb. Más allá de los folletos turísticos y la complicidad normalizadora de nuestros amados gobiernos, los Estados los conforman, no lo olvidemos nunca, ciudadanos con universos completos bajo su cerebro. Es evidente que lo conseguido por la ciudadanía tunecina es fruto de una situación en la que se entremezclan un hartazgo del que no nos habían hecho constar, unido a una situación temporal proclive a conseguir el objetivo deseado. ¿Y cual es esa situación? Pues bien sencilla resulta saberlo: Los Estados occidentales y los “mercados” se adelantan tres movimientos al enroque popular y planean el escenario de transición antes de que éste quede en manos de los legítimos dueños. Con un telón adecuado, buenos actores y la luz indicada, hasta parecerá, no sólo para los observadores externos, sino para los propios lugareños, que todo ha cambiado, cuando nada ocurrirá.

Los símbolos comunes de estos "pacificadores"

Hoy nos hemos levantado atentos a esta representación que estrena su segundo acto: Egipto. Similares escenarios (líder embrutecido pero protegido por los amigos de sus recursos, potencia turística que asegura a los visitantes su diversión a sangre y fuego, ejemplo para la UE y EEUU). A esta hora, la bestia Mubarak se mantiene gastando sus últimos cartuchos, que en este caso, por su importancia estratégica en la frontera con Israel, tal vez le alcancen hasta que los “pensadores” cavilen un plan más sofisticado, por necesario, para su supervivencia en El Cairo, y no sea necesario que los jeques vayan preparando otro palacete.

No debemos fiarnos. Todo esto les ha cogido de sorpresa pero con tiempo y herramientas para planificar su particular plan B. En el caso de los arrogantes dictadores no existe problema: siempre habrá un avión en el aeropuerto más próximo y unas cuentas corrientes a buen recaudo para que nada les cambie. En el de sus padrinos, supone un pequeño quebradero de cabeza pero con ceñirse a ejecutar el informe preparado para el momento de su sucesión, pues se adelanta y santa pascuas.

La zona norte del continente africano vivió a mediados del siglo pasado un movimiento descolonizador y liberador emocionante, aunque acaecido en un contexto de intervención ideológica complejo. Ben Bella, Nasser y compañía resumían la energía de unos pueblos por encontrar su lugar en la Historia, y por este motivo nadie debe sorprenderse por lo que está ocurriendo en este comienzo de año. Bueno sí, sorprende porque cada día interesa menos que la ciudadanía tenga un fondo cultural adecuado para entender y comprender este mundo. De poseerlo, sólo será también cuestión de tiempo que, sabiendo qué y por qué pasó, analicen qué y por qué lo que tenemos no puede y no debe ser. Los tunecinos, lo egipcios, los yemeníes, lo entienden porque a pesar de contar con nuestro misma ignorancia, sufren el doble que sus compatriotas del norte del Mediterráneo la realidad de un mundo feo, medieval, oscuro y tenebroso, que no vemos porque nos han puesto pantallas para seguir desde cualquier butaca el tercer acto, el que ojalá protagonicemos coordinados y juntos.

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